Su vocación y cariño por la enseñanza nacieron cuando ella tenía 10 años. Así temprano, Eulalia Calle empezó a sentir especial apego por la docencia, que la ha conducido por una infinidad de senderos hasta ser hoy la Vicerrectora Académica de la Universidad de Cuenca.
A este cargo, llega cobijada por una amplia trayectoria. Durante 20 años fue profesora de Matemáticas, nivel Educación General Básica Superior y Básica General Unificada. De estos, 15 años impartió clases también en el Colegio Benigno Malo de Cuenca.
Es docente universitaria desde 2014. Logró el Doctorado en Didáctica de las Matemáticas y dos maestrías. Integra equipos de investigadores como el de Investigación Didáctica de las Matemáticas y Formación del Profesorado en metodología STEM e Interdisciplinariedad de la Universitat de Barcelona.
También es conferencista internacional, autora de más de 40 artículos académicos y directora de tesis de maestrías.
Tiene una especial destreza para los razonamientos matemáticos, virtud que la descubrió entre uno y otro pedido de sus hermanos menores de “explícame o enséñame algo que no entiendo”. Es ahí cuando se dio cuenta que cada vez que les enseñaba, ella aprendía más. “Comencé con el quiero jugar a ser profesora de matemáticas porque siempre encontraba algo que lo relacionaba”.
Prefirió las matemáticas en sacrificio del inglés
La primera decisión que marcó su vida la asumió temprano, en su época de colegio. Resignó su gusto por el idioma inglés a cambio de su apego por las Ciencias Exactas.
A veces iba más allá de los conocimientos que impartían sus docentes en su afán de estar preparada para enseñar a los amigos y conocidos del barrio, a los propios compañeros de aulas universitarias. Incluso eso le ayudó para tener sus primeros ingresos y ese ha sido uno de los consejos a los futuros profesores para que puedan solventar en algo sus necesidades.
La creatividad es el mayor aliado para todo matemático cuando se trata de resolver problemas. Esa es una de las potencialidades de Eulalia Calle, al ingeniarse diversas maneras de hacerse entender y transmitir los conocimientos sobre ecuaciones, álgebra, trigonometría, geometría…, de acuerdo con el contexto del estudiante.
El siguiente paso de la vida lo dio al llegar a la Universidad. Otra vez a escoger entre sus preferidas Matemáticas o la Química y la Biología, que también habían despertado su interés.
A esa complejidad de las matemáticas lo asumió como todo un desafío, que lo fue resolviendo con una constante preparación, mediante cursos y capacitaciones. Hasta que en las aulas universitarias se especializó en lo que la didáctica recomienda, siempre en esa búsqueda de actualizarse, de innovarse.
Está convencida que no es cuestión de saber de memoria una fórmula o tema matemático. “La memoria me engaña y me olvido enseguida. Entonces, no ha servido de nada porque eso no es aprendizaje”.
Su filosofía se fundamenta en que para ejercer la docencia no basta con acumular conocimientos, sino que es fundamental tener vocación, ética y valores humanos sólidos.
La convicción de Marco Jara es que en la labor diaria, Eulalia Calle les trasmitió valores como respeto, empatía, puntualidad y responsabilidad. “Me ha enseñado la importancia de pensar en el bienestar colectivo”. Él fue su alumno en Álegra y Álgebra Superior, aparte de tenerla como directora de su tesis “El pensamiento creativo en la formación inicial de profesores de matemáticas”, en la Carrera de Pedagogía en Físico – Matemático en la Facultad de Filosofía.
“Es una docente exigente, pero que busca siempre sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Su nivel de exigencia está siempre acompañado de un evidente gusto por enseñar. No se percibe como una presión negativa sino un impulso constante hacia la superación personal y académica”.
Marco Jara, estudiante
Las gratificaciones de la vida
La mayor satisfacción para Eulalia Calle Palomeque como docente es ver a sus alumnos convertidos en profesionales y “que un día me digan, mire con sus enseñanzas a dónde he llegado”.
Insiste que, en vez de estigmatizarlo, al estudiante siempre se debe motivarle hasta que se convenza de sus capacidades. Pero eso se consigue “no siendo ese alhaja cuquito, como me decían mis alumnos cuando empecé de profesora en el Benigno Malo, sino con la suficiente preparación y conocimiento. Al final, uno se da cuenta que sí valió la pena”.
Ahora, desde el Vicerrectorado Académico tiene nuevos desafíos. Entre análisis de cátedras, distributivos, perfiles y más, su responsabilidad es velar por la calidad académica de la Universidad de Cuenca en busca de la excelencia.
“El docente para asumir una cátedra debe ser muy honesto y decir estoy preparado, este es mi perfil y yo tomo esta asignatura. No hacerlo con ligereza”.
Eulalia Calle
Entrevista

“Como maestro, uno debe inspirar con el ejemplo”
¿Pudiera decirse que esa rigurosidad de las ciencias exactas marcó su filosofía de vida?
Todo lo que yo hago es con base en una planificación. Desde mis clases y, a la par, mis investigaciones, prácticas laborales y actividades extras que debo hacer cada día. Así he logrado todos mis objetivos.
¿Cómo ha conseguido usted conciliar los números fríos de las matemáticas con su parte humana?
Para mí, las matemáticas son mi vida. No es algo frío, más bien me ayudan a resolver problemas. Lo cierto es que no se queda en el simple cálculo, quizá solo es el principio de la matemática.
¿En qué radican sus mayores lecciones para dejar huella en sus estudiantes?
Como maestro, uno debe inspirar con el ejemplo. Cuando usted enseña matemáticas a los estudiantes, les inculca también cuestiones de vida como la responsabilidad y la planificación que le conducen hacia resultados, un logro de aprendizaje. Para mí, es clave la relación entre la lectura y la matemática.
¿Por qué esa relación entre las matemáticas y la lectura?
Porque cuando lee, también comprende. Su cerebro empieza a funcionar y usted razona, entiende lo que le estoy planteando para que resuelva un problema. Nuestro país tiene evaluaciones malas en matemáticas y en lenguaje. Hay que fortalecer la relación entre estos dos campos, incluso en nuestra Facultad de Filosofía.
A propósito, ¿qué lectura recomienda y en qué momento?
Me gusta leer obras relacionadas con la matemática, es un poco de entre pasión y estrategia. “El asesinato de Pitágoras”, allí entra emoción, amor, estrategias de guerra que tienen que ver con el conocimiento matemático. “El diablo de los números” es para quienes temen a las matemáticas, porque enseña qué fácil puede ser empezar desde cómo se forman los números hasta plantear grandes temas como derivadas integrales.
Esa preocupación por el aprendizaje de sus estudiantes también se refleja en sus investigaciones y artículos académicos.
Uno no puede estar quieto como docente. Decidí documentar, mediante investigaciones, artículos y ponencias, las experiencias de enseñanza-aprendizaje con mis estudiantes. Escribo sobre las ideas, estrategias y propuestas para mejorar la calidad de la docencia. Publiqué y presenté ponencias en eventos académicos.
Quizá continúen esos vacíos de conocimiento pospandemia, ¿Qué hacer desde la universidad por esa generación de encierro?
La universidad asumió el problema de tener estudiantes con vacíos y tratar de enseñarles lo que no sabían del colegio. Eso nos ha retrasado mucho. Sí nos está faltando recuperar la parte de enseñanza que se quedó como una brecha grande. El Vicerrectorado Académico tiene un desafío grande.
Otro desafío es ¿cómo preparar a los futuros docentes, en este caso de las ciencias experimentales, frente a la IA y a las nuevas tecnologías?
Ahora es cuando más se debe trabajar el pensamiento crítico en los estudiantes y se les debe enseñar a usar la IA como herramienta. Tener un pensamiento crítico para discriminar la información entre lo correcto y lo erróneo.
Con toda la experiencia acumulada a lo largo de su trayectoria, ¿hacia dónde se encaminará el trabajo en el Vicerrectorado académico?
Nos hemos planteado elevar el nivel académico, volver a la excelencia que un día tuvo la Universidad de Cuenca. Hoy, en muchos casos, cuando nuestros profesionales terminan la carrera, todavía presentan debilidades. Nos hemos planteado la doble titulación, que demandará mayor exigencia para los docentes en la preparación de sus clases, salir de la zona de confort.
¿En qué momento la familia y sus vocaciones?, ¿Sus tiempos libres a qué los dedica?
Tengo tres hijos que ya son profesionales y ahora son ellos los que están pendientes de mí. Siempre salimos en familia, por ejemplo, a las presentaciones de música clásica, de las orquestas sinfónicas y por ese estilo. Mis hijos también son músicos, especializados en violín. Somos hinchas del Deportivo Cuenca, aunque mi esposo también del Barcelona y mis hijos de la Liga de Quito.