El corazón es un órgano que late sin descanso. Su misión es mantener la circulación de la sangre para garantizar el funcionamiento de todo el cuerpo. Su esfuerzo es casi inadvertido. Sin embargo, existen enfermedades que lo dañan de manera progresiva y silenciosa, sin generar síntomas evidentes durante años.
Una de las más preocupantes es la diabetes mellitus tipo 2. Es una enfermedad metabólica que no solo eleva los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre, sino que también altera el metabolismo de las grasas, incrementando el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
En muchas personas, la diabetes también altera los niveles de lípidos (grasas) en la sangre, incluyendo el colesterol y los triglicéridos. A esto se conoce como dislipidemia y es un factor de riesgo importante para el desarrollo de aterosclerosis, un proceso que endurece y estrecha las arterias, que provoca infartos y accidentes cerebrovasculares.
El inicio
La diabetes tipo 2 se genera cuando el organismo presenta resistencia a la insulina, una hormona producida por el páncreas que permite que la glucosa ingrese a las células para ser utilizada como fuente de energía. Cuando la insulina no actúa bien, la glucosa se acumula en el torrente sanguíneo, generando hiperglucemia. Con el tiempo, este exceso de azúcar puede provocar daño en distintos órganos y sistemas, particularmente en los vasos sanguíneos y en el corazón.
Con el objetivo de visibilizar esta problemática en nuestro entorno, se realizó un estudio en el Hospital Vicente Corral Moscoso, de Cuenca, en el 2019. Se revisaron los registros clínicos y exámenes de laboratorio de 137 pacientes hospitalizados con diagnóstico de diabetes tipo 2. Esto permitió evaluar la relación entre el control de la glucosa, las alteraciones de los lípidos y el riesgo cardiovascular.
Se evidenció que la mayoría de los pacientes eran adultos mayores de 65 años, con predominio de mujeres. Además, un porcentaje significativo presentaba sobrepeso u obesidad, condiciones que favorecen la resistencia a la insulina y obligan a trabajar más al sistema cardiovascular.
Uno de los hallazgos más preocupantes fue que más del 75% de pacientes presentaba alteraciones en sus niveles de lípidos en sangre.Para comprender mejor su relevancia, es necesario explicar brevemente el papel del colesterol.
El colesterol LDL (“colesterol malo”) tiende a depositarse en las paredes de las arterias, formando placas que reducen el flujo sanguíneo y aumentan el riesgo de obstrucciones.
El colesterol HDL (“colesterol bueno”) tiene función protectora al ayudar a eliminar el exceso de grasa de los vasos sanguíneos. En los pacientes estudiados, se observó un aumento del colesterol LDL y una disminución del colesterol HDL, una combinación especialmente perjudicial para la salud cardiovascular.
Asimismo, se encontraron niveles elevados de triglicéridos, otro tipo de lípido que, en exceso, endurece las arterias. Este patrón, conocido como dislipidemia diabética, es frecuente en personas con Diabetes tipo 2 y está estrechamente relacionado con el desarrollo de aterosclerosis.
La causa principal se vincula con la resistencia a la insulina. Cuando esta hormona no funciona correctamente, el tejido adiposo libera mayor cantidad de ácidos grasos hacia el hígado. Como respuesta, este órgano produce más triglicéridos y lipoproteínas ricas en grasa, lo que empeora el perfil lipídico y eleva el riesgo de eventos cardiovasculares.
El estudio también evidenció un deficiente control glucémico en gran parte de los pacientes. Para evaluarlo, se utilizó la hemoglobina glicosilada (HbA1c), un marcador que refleja el promedio de glucosa en sangre durante los últimos tres meses. La mayoría presentó valores elevados, lo que indica un control inadecuado de la diabetes. Estos pacientes mostraron mayor probabilidad de presentar dislipidemias.
Otro aspecto preocupante fue la falta de adherencia al tratamiento. Muchos pacientes no cumplían correctamente con su medicación, dieta o controles médicos periódicos. Esta situación se asoció con peores niveles de glucosa y lípidos, incrementando el riesgo cardiovascular.
Además, se identificó una relación entre las dislipidemias y el hipotiroidismo, una condición en la que la glándula tiroides produce menos hormonas tiroideas de lo normal. Estas son fundamentales para regular el metabolismo y su disminución favorece el aumento del colesterol y los triglicéridos, agravando el riesgo en personas con diabetes.
Aunque el uso de insulina no mostró una relación estadística significativa con la mejora de las dislipidemias, se observó una tendencia que sugiere posibles beneficios en el control metabólico global, lo que amerita futuras investigaciones.
Este estudio evidencia que la diabetes tipo 2 no es únicamente una enfermedad caracterizada por el aumento del azúcar en la sangre, sino una condición que afecta integralmente el metabolismo y compromete la salud cardiovascular.
Las alteraciones del colesterol y los triglicéridos actúan de manera silenciosa, dañando las arterias y aumentando el riesgo de infarto y otras complicaciones cardiovasculares.
Las recomendaciones para cuidar el corazón
- Control adecuado de la glucosa.
- Mantenimiento de un peso saludable.
- Adherencia al tratamiento.
- Vigilancia periódica del perfil lipídico.